Julieta Lanteri

Julieta Lanteri nació el 22 de marzo de 1873, en Cuneo, Italia. Llegó a Buenos Aires cuando tenía 6 años, y a diferencia de otros inmigrantes, su padre era propietario de una casa ubicada sobre Av. Santa Fe, condición que les permitió vivir con algunas comodidades y  que Julieta pudiera dedicarse a estudiar.

Fue la primera mujer en recibirse de bachiller en el colegio Nacional de La Plata. En marzo de 1896 solicitó a Leopoldo Montes de Oca, decano de la Facultad de Medicina, el ingreso a la carrera. En 1898 se recibió de farmacéutica en la UBA. Se convirtió en la sexta mujer en recibir el título de médica en nuestro país, y la primer italiana en conseguirlo.

En 1906 participó del congreso Internacional de Libre Pensamiento que se realizó en buenos aires, e integró el Centro Feminista impulsado por Alicia Moreau de Justo.

En 1908 propuso la organización del Primer Congreso Femenino Internacional, que se celebró en Buenos Aires en 1910, y del que fue secretaria, En el presento una ponencia sobre prostitución y acusó a las autoridades de turno: “Si este mal existe es porque los gobiernos no se preocupan por extirparlo, y puede decirse que lo explotan desde que lo reglamentan y sacan impuestos de él”.

A los 36 años, cuando era vista como una solterona, Julieta se casó con un hombre 14 años menor que ella y completamente desconocido. Sus compañeras feministas habían elegido pareja de otra manera. “Fenia Chertkoff se casó con el dirigente socialista, doctor Nicolás Repetto. Su hermana, Mariana Chertkoff, con Juan B. Justo, fundador del partido de su concuñado, quien, luego de enviudar, se unió con Alicia Moreau a la que doblaba en edad; Elvira Rawson, con Arturo Dellepiane, también médico”, diferenció Bellota en su biografía.
Julieta quiso especializarse en salud mental e intentó una adscripción como docente en la Cátedra de Psiquiatría. La rechazaron “con la excusa de su condición de extranjera, pero la verdad debe hallarse en el hecho de ser mujer”, advirtió Barrancos. Tozuda, de una gran inteligencia, Julieta se presentó entonces a reclamar la ciudadanía argentina a la Justicia, un ámbito al que recurriría insistentemente en su gran cruzada por la igualdad. Logró un fallo favorable en primera instancia, pero el procurador fiscal lo desestimó al señalar que se trataba de una mujer casada y como tal requería del permiso del esposo para iniciar la causa judicial. La batalla duró ocho meses, pero finalmente la ganó.

En 1911, tras obtener la nacionalización argentina, fue a inscribirse al Padrón Electoral de la Ciudad de Buenos Aires aprovechando el reempadronamiento. Quería votar en las elecciones que se aproximaban para renovar el Concejo Deliberante. Se convirtió en pionera. Con su vestido blanco se presentó en la iglesia de San Juan, en una fila masculina, en una época en la que era impensado que una mujer sufragara. Fue el 23 de noviembre de 1911, faltaban casi cuarenta años para la sanción del voto femenino.

En vísperas de los comicios nacionales de 1919 descubrió que su nombre no figuraba en los padrones y volvió a recurrir a los tribunales, pero su reclamo fue rechazado con el argumento de que debía exhibir la libreta de enrolamiento, un documento exclusivamente masculino. Decidió dejar esa batalla para más adelante. Encontró que la Constitución nacional vedaba la posibilidad de votar a las mujeres pero no la de ser elegidas. Entonces, creó su propia agrupación, el Partido Nacional Feminista, en abril de 1919, y se presentó como candidata a diputada. Nuevamente sería pionera.

En 1920 organizó junto con Alicia Moreau de Justo un simulacro de votación femenina en el que participaron más de 4000 porteñas. Siguió presentándose como candidata hasta 1930. En el ínterin reclamó en los cuarteles y hasta frente al ministro de Guerra de Yrigoyen que le permitieran hacer el servicio militar para poder así conseguir libreta de enrolamiento e incorporarse al padrón.

Murió dos años después, el 23 de febrero de 1932, en un extraño accidente. La atropelló un auto en la esquina de Diagonal Norte y Suipacha a las 3 de la tarde. Tanto Bellota como la periodista Ana María de Mena, que publicó en 2002 un libro sobre Lanteri, pudieron recabar indicios como para sospechar –dicen– que pudo tratarse de un asesinato político. Julieta tenía 59 años. Dos días antes había asumido el general Agustín P. Justo como nuevo presidente.

El Patas cumple once años

“Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable”;  Eduardo Galeano

Once años de compromiso, de coherencia, de militancia, de pasión, de cultura popular, de lucha y sobre todo, de amor.  Mucho amor. También de discusiones, de altibajos, de idas y vueltas, pero siempre poniendo por delante la organización y el trabajo colectivo al servicio del barrio, nuestra Patria chica. 

Desde que un puñado de pibes y pibas lo soñaron sucedieron muchas cosas y pasaron por este maravilloso espacios cientos de personas que han dejado su huella, que han dejado marca, y que han hecho de Patas el lugar que hoy es.  Seguramente no sea el mejor, sabemos que falta mucho, que hay cosas por mejorar, pero también vimos como se ha transformado el lugar y cómo él también ha transformado a aquellos que han formado parte.  Desde el primer momento, siempre pensamos este lugar como un espacio de transformación a partir de la construcción colectiva.

Lo que humildemente hemos hecho, todas las transformaciones, los talleres, los encuentros, las variette, los corsos, los debates, no lo hicimos solos.  Hubiese sido imposible sin la mano de infinidad de personas que colaboraron desinteresadamente con el Patas. Tampoco hubiese sido posible sin un Estado que por primera vez en mucho tiempo no solo no nos combatía, sino que nos ayudaba a concretar nuestros sueños.

Hoy algunas cosas cambiaron en nuestra Argentina, y vemos instituciones barriales cerrar por el tarifazo, por falta de recursos, por clausuras;  nos duele ver incluso esos lugares de creación y esparcimiento convertidos en comedores para les pibes que pasan hambre.  

A pesar de lo difícil que se ha puesto sostener este tipo de espacios que nacen de la autogestión, con espíritu crítico y apostando al héroe colectivo, nosotres continuaremos el compromiso asumido hace once años por una Patria que nos cobije a todes.  Nunca creímos que sería sencillo, pero siempre creímos que era posible, y acá estamos y acá seguiremos.

En nuestros corazones esta también la primera persona que se animó a soñar, que creyó en este proyecto y fundamentalmente creyó en nosotres: el amigo y compañero Leonel Gonzalez Santalla a quien debemos gran parte de todo esto.  Leo, no vamos a decir “donde quiera que estés” porque sabemos que estas acá, arriba de este escenario, como en los últimos once años. 

Por último, queremos reafirmar los valores y creencias con los cuales hemos construido este centro cultural.  Creemos firmemente que cada acto humano es un hecho político y en tiempos donde la ideología y la discusión política pretende ser nuevamente denigrada, desde este humilde espacio no bajamos los brazos y seguiremos militando por una Patria Justa, Libre y Soberana, una Patria que cobije sin distinciones a sus 40 millones de habitantes, que cuide de sus niñxs y sus jubiladxs, que incorpore a lxs humildes, que cree trabajo, que restituya derechos.  Creemos en la Patria Grande, en una América Latina unida, en la preexistencia de nuestros Pueblos Originarios.  Militamos por la Memoria, la Verdad y la Justicia, por cárcel común a los genocidas, por la investigación de los socios civiles de la última dictadura, por la libertad de lxs presxs políticxs. Exigimos justicia por Santiago Maldonado, por Rafael Nahuel y por las decenas de pibes y pibas asesinados por el Estado en manos de un gobierno represor.  Gritamos fuerte y para que se escuche de una vez y para siempre Ni Una Menos, y nos manifestamos a favor del Aborto legal, seguro y gratuito.  Somos un espacio anti patriarcal y feminista.  Le decimos No al FMI, al ajuste, a la usura y a la timba que beneficia a un puñado de familias vinculadas a la oligarquía que históricamente ha pretendido un pueblo sumiso, callado, con miedo y sin derechos. Creemos en  la salud y la educación pública, gratuita y de calidad, con el Estado como garante de la universalidad de los derechos.  Nos reconocemos nacionales y populares, democráticos y feministas, hijos e hijas de las luchas populares, de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.  Creemos en la participación, en la solidaridad, en lo colectivo y que la Patria siempre es el otro. Este año echamos a Macri y a la oligarquía del gobierno. Con Alberto y Cristina vamos a volver.

Centro Social y Cultural Patas Arriba y Biblioteca Popular Leonel Gonzalez Santalla

8 de junio de 2019

Once Años de Cultura Popular