Chile, donde todo lo sólido se desvanece en el aire

Por Néstor Casola

Cuando el pasado 8 de octubre, en una entrevista para el programa de radio Mucho Gusto que se emite por la emisora chilena Mega, el presidente de aquél país, Sebastián Piñera, declaraba que Chile era un verdadero “oasis” en una región convulsionada por las crisis económicas y las protestas sociales, nada hacía suponer que en apenas, un par de días, todo aquel paraíso de supuesta prosperidad y progreso neoliberal, estaba a punto de evaporarse. Aquella mañana, mientras Piñera declamaba soberbio y seguro esas palabras, comenzaban los primeros focos de lucha, las primeras “evasiones” (saltar los molinetes del subte sin pagar), que lxs estudiantxs habían ofrecido como medio de protesta a toda la población por el alza en los precios de los valores del metro. Y, aunque nada parecía preverlo, aquel pequeño chispazo, en apariencia insignificante, se iba a constituir en el inicio de un incendio que hasta el día de hoy no parece tener fin.

¿Qué había ocurrido en aquella tierra prometida del consumo y los negocios prósperos, ofrecida al conjunto de los países de la región cómo único modelo posible, según expertxs y especialistas, para que millones hasta entonces calladxs y sumisxs, salieran con tanta bronca y furia a reclamarlo todo?

La Batalla de Chile

Desde aquél fatídico 11 de septiembre de 1973, en el que, a través de un golpe de Estado, financiado y apoyado por Estados Unidos, se derrocó al gobierno socialista de Salvador Allende, Chile se convirtió en el laboratorio neoliberal de los llamados “Chicago Boys”: economistas y técnicos, formados en la Universidad de Chicago, que delinearon las bases de toda la estructura económica, jurídica y social del país. Al calor de una brutal represión, con su correlato de miles de muertxs, torturadxs, desaparecidxs, y más de doscientos mil  exiliadxs, aquellxs “especialistas” recomendaron privatizar cada uno de los servicios esenciales del Estado. En pocos años, los sectores populares, tuvieron que adaptarse a las nuevas y duras condiciones de vida. Tuvieron que aceptar que si quería salud y educación para ellxs y sus hijxs, debían endeudarse con sumas imposibles; qué si querían una vivienda, tendrían que obtenerla hipotecándose de por vida; qué cada viaje era un privilegio; qué la desigualdad social se debía a una diferencia en los méritos individuales; qué llegar a viejx podía ser un problema muy grave, si los ahorros capitalizados, se agotaban rápido. Lo fueron internalizando a sangre y fuego, a través del miedo, del horror, de la amenaza constante. Y, en las últimas décadas, ya en “democracia”, con gobiernos “progresistas”, como los de la “Concertación” que, disfrazados de populares, jamás cuestionaron el modelo económico y se constituyeron en una verdadera extensión de la dictadura de Augusto Pinochet en tiempos de paz. La llegada de Piñera, hombre de la derecha tecnocrática, obviamente, no sólo no fue una excepción, sino que hizo del “modelo” su principal bandera. Ante cada reclamo popular, ante cada descontento, como las marchas estudiantiles que se dan periódicamente desde 2006, por el acceso a una educación más democrática y no elitista, o las movilizaciones en repudio a las AFP (administradoras de fondo de pensiones) privadas, que, para dar un ejemplo,  pagaron a la mitad de lxs nuevos pensionadxs en 2018, tan sólo 68 dolares mensuales, la respuesta de los gobiernos, durante todos estos años, siempre fue la misma: palos, represión de toda movilización, obturaciones legales ante cualquier forma de organización colectiva fuerte, y una fuerte campaña mediática deslegitimando los reclamos, buscando criminalizarlos, aislándolos uno de los otros. Sólo, en caso que la situación se fuera un poco de control, se buscaba “calmar las aguas” con algún que otro parche. Pero, desde 1973 a la fecha, la consigna del poder siempre fue la misma: “al modelo neoliberal se lo defiende a capa y espada” y ese fue un acuerdo al que suscribieron todxs los partidos políticos del régimen, por derecha o por izquierda, y al que jamás invitaron, a millones de chilenxs, que tuvieron que resignarse a que sus vidas estén subordinadas a esas reglas del juego.

El Poder Popular

Pero nada reprimido puede esconderse bajo la alfombra sin que emerjan síntomas, y tarde o temprano aquello vuelve una y otra vez, hasta encontrar su resolución. Toda aquella experiencia ocultada, olvidada, anterior al 73, que llevó al pueblo chileno a intentar el socialismo por vías pacíficas, ha regresado como un fantasma persistente, desde más allá de la Historia. Ha llenado “las anchas alamedas” en las principales ciudades. Ha puesto en boca de millones las viejas canciones revolucionarias. Ni los toques de queda, ni lxs muertxs, ni las torturas y desapariciones de estos últimos días, ha podido frenar el estado de movilización permanente, en el que se encuentra el pueblo chileno al día de hoy. Y como en aquellos tiempos, dependerá de la capacidad de organización y de la dirección política que vaya surgiendo, al calor de la batalla, lograr el gran objetivo de transformar la Historia.

Imagen: Pedro Ugarte. agencia AFP

Muchxs de los que alguna vez, hace décadas, gritaban como consigna revolucionaria: “luchar, crear, poder popular”, aún están vivxs y ahora mismo están marchando, junto a lxs jovenxs, en las calles de todo el país. No hay nada, entonces, que no pueda ser posible de cambiar.

GRAN ENCUENTRO REGIONAL DE MUJERES

Quilmes, Berazategui, Varela

Más de 800 mujeres participaron el sábado pasado del 4° Encuentro Regional de Mujeres de Quilmes, Berazategui y Florencio Varela, realizado en la Universidad Nacional Arturo Jaurethche (UNAJ). Es la antesala del masivo Encuentro que se realizará en La Plata, en octubre.

El evento comenzó a las 9, con la inscripción y entrega de materiales. En la apertura se leyó un documento consensuado en la comisión organizadora integrada por compañeras de movimientos de mujeres, sindicatos de la región y movimientos sociales. Está apertura estuvo teñida de una gran emoción por la presencia y el saludo de la madre y el padre de Mónica Garnica, estudiante de la UNAJ víctima de femicidio.

El auditorio quedó desbordado de cientos de mujeres y disidencias trabajadoras sindicalizadas, estatales, docentes, jubiliadas, amas de casa, trabajadoras precarizadas, de la economía popular, independientes, estudiantes, campesinas, trabajadoras de la cultura, funcionarias municipales, pertenecientes a partidos políticos y muches más

Luego se participó en talleres: trabajo; violencias; estrategias para el acceso al aborto legal; salud; educación, ciencia y cultura; juventud y diversidad. En total fueron 15 talleres que abordaron estas temáticas en los que la palabra de cada una tuvo el mismo valor.

Se contó con el espacio de cuidado para niñes, con actividades recreativas y, durante el mediodía compartimos un refrigerio, que fue el aporte de numerosos sindicatos, lo que permitió generar mejores condiciones en momentos en que el ajuste se hace sentir.

Al finalizar se leyeron las conclusiones de los talleres: la bronca contra el gobierno de Macri y Vidal, que agravaron las condiciones de vida, quedaron en evidencia en todos los talleres.

El Encuentro terminó con una masiva y colorida marcha por las calles de la Av. Calchaquí hasta el Paseo de la Memoria (Cruce Varela). Cantos, baile, bengalas de colores y mucho alegría, hicieron que la marcha se hiciera notar.

Expresaron la fortaleza que les brindó hacer este espacio y las ganas de ser miles en el 34 Encuentro Nacional, que se realizara en octubre en La Plata.

Sandra, Rubén y Carlos

Hace ya algunos días que debía haber escrito algo sobre Sandra Calamano y Rubén Rodríguez, pero sinceramente me resultó muy difícil. Al cumplirse un año de la explosión que se llevó la vida de estas dos personas decidí buscar el video en el que Sandra defendió la necesidad de sostener a las orquestas juveniles y la importancia de la educación pública y no pude contener las lágrimas. En el discurso de Sandra o en las fotos de Rubén se puede ver y escuchar a Sandra y a Rubén, pero también se puede escuchar y ver otra cosa. Sandra y Rubén son la voz y la imagen de muchas personas, de muchos trabajadores que luchan por un educación digna.

Cuando finalmente logro sentarme y escribir, sin borrar o sin descartar lo pensado anteriormente, se me cruza otro rostro que también es bandera, hablo de Carlos Fuentealba que hace ya doce años la violencia institucional le arrebató la vida.

La lucha de Sandra, de Rubén y de Carlos no están aisladas, se entrelazadas, se continúan, tienen un hilo conductor, ese hilo es el de la dignidad. Al sistema educativo y a los trabajadores de la educación les han arrebatado la dignidad hace mucho tiempo. Pero hay luchas que evidentemente son inclaudicables. A Fuentealba el Estado lo mató en el 2007.A Sandra y a Rubén el Estado también fue el responsable de sus muertes en el 2018. Cuando vemos los rostros de Sandra, de Rubén y de Carlos estamos frente a la cara de miles de docentes desempeñan sus tareas en condiciones adversas.

Todo aquel que sea ajeno a la cotidianeidad de un trabajador de la educación difícilmente pueda comprender de qué va el trabajo que éste desempeña. La dinámica de las escuelas no es la misma que la de cualquier otro trabajo. Porque el material con el que se trabaja es extremadamente frágil. Me refiero a los alumnos. La fragilidad de los niños, las niñas y les adolescentes está condicionada por su entorno y por la coyuntura. Cuando un niño o una niña no cena o no desayuna se desmaya en la escuela. Sandra y Rubén sabían esto, miles de docentes también lo sabemos y obviamente el Estado también lo sabe, pero evidentemente a este Estado que los pibes se desmayen le importa.

El trabajo en las escuelas no entiende de estructuras fijas. Todo docente sabe cuándo empieza su trabajo pero nunca sabe cuándo realmente termina. El docente no trabaja cuatro horas, el docente no tiene tres meses de vacaciones, el docente no puede ser reemplazado por un voluntario. El trabajador de la educación convive con jóvenes y con adultos, con niños y niñas, pero también convive con la violencia, el hambre y con la ausencia estatal. Un Estado ausente se traduce en edificios que literalmente se caen a pedazos. Un Estado ausente es la falta de pan, de carne o de leche en el comedor de la escuela. Un Estado ausente es el desmayo matutino y el embarazo adolescente.

Sandra y Rubén mueren cada vez que un chico abandona sus estudios, mueren cada vez que no hay para zapatillas o guardapolvos.  Sandra, Rubén y Carlos nacen y renacen cuando un joven decide ser maestro y cuando ese o esa joven sepa y tenga la certeza de que no todo se compra o se vende y que cada día sienta ganas de cambiar el mundo.

Hace algunos días en Avellaneda Sandra y Rubén estuvieron presentes. Se declaró al 2 de agosto como el “Día en defensa de la Escuela digna y segura”. La iniciativa estuvo a cargo del concejal Hilda Cabrera que entendió que no se puede ser ajeno a la muerte de los trabajadores de la educación. Trabajadores que dejaron su vida para que otras vidas puedan crecer y desarrollarse, para que niños y niñas con la panza llena sean personas de bien.

Me hubiera encantado no tener que estar escribiendo esto. Me hubiera gustado no tener que saber quiénes fueron Sandra, Rubén y Carlos. Me hubiera encantado decir que el derecho a la educación digna está en plena vigencia, pero esto hoy no es posible. Hoy Sandra, Rubén y Carlos no están físicamente pero estoy seguro que van a trascender en la tarea de cada uno de los hombres y mujeres que cada vez que entren a una escuela entiendan que ahí, entre tizas y pizarrones está el futuro y hay que cuidarlo.

¿Marx…? no, Belgrano

Karl Marx (1818-1883) Manuel Belgrano (1770-1820)

El siglo XIX en nuestro país y en Latinoamérica en general resultó fundacional en diversos aspectos. Desde las luchas emancipadoras hasta la conformación de los Estados Nacionales vieron la luz durante este siglo. La historia, como ciencia, dio sus primeros pasos de la mano de Bartolomé Mitre, considerado el fundador de la historia oficial argentina. Mitre, además de haber sido presidente de la Nación durante el período que va desde 1862 hasta 1868 y haber fundado el diario La Nación, escribió las biografías de José de San Martín y de Manuel Belgrano.

La Historia decimonónica argentina tiene la particularidad de estar teñida por una intencionalidad liberal, es decir, de manera tendenciosa reduce a figuras como Belgrano a la sola tarea de haber creado la bandera y haber librado algunas batallas durante la guerra por la independencia.

Manuel Belgrano fue mucho más. Además de haber creado la bandera y de haber desarrollado una carrera militar que mucho no lo entusiasmaba, Belgrano fue uno de los economistas más lúcidos que tuvo Latinoamérica. Belgrano entendía perfectamente el papel de la producción nacional y la correcta distribución de la tierra. También entendía que la tierra debía estar en manos de quien la trabajara, es decir, Belgrano fue el primero en proponer una reforma agraria por éstas regiones.

En consonancia a su capacidad en las ciencias políticas y económicas, Belgrano planteó de una manera brillante lo que hoy conocemos como la teoría de la “Lucha de Clases”. Seguramente el lector se preguntará de qué estará hablando éste cronista, bueno, nos explicamos. El 1 de septiembre de 1813 (cinco años antes del nacimiento de Karl Marx) el periódico La Gaceta publicó un artículo escrito por Belgrano varios años antes, éste documento no había podido pasar la censura del período colonial, pero que pudo ver la luz en pleno período de luchas emancipadoras. Claramente Belgrano demuestra un genio únicamente comparable con los grandes pensadores del siglo XIX.

“Se han elevado entre los hombres dos clases muy distintas; la una dispone de los frutos de la tierra, la otra es llamada solamente a ayudar por su trabajo la reproducción anual de estos frutos y riquezas o a desplegar su industria para ofrecer a los propietarios comodidades y objetos de lujo en cambio de lo que les sobra. (…) Existe una lucha continua entre diversos contratantes: pero como ellos no son de una fuerza igual, los unos se someten invariablemente a las leyes impuestas por los otros. Los socorros que la clase de propietarios saca del trabajo de los hombres sin propiedad, le parecen tan necesarios como el suelo mismo que poseen; pero favorecida por la concurrencia, y por la urgencia de sus necesidades, viene a hacerse el árbitro del precio de sus salarios, y mientras que esta recompensa es proporcionada a las necesidades diarias de una vida frugal, ninguna insurrección combinada viene a turbar el ejercicio de una semejante autoridad. El imperio de la propiedad es el que reduce a la mayor parte de los hombres a lo más estrechamente necesario”.

Es evidente que Belgrano entiende que existen dos clases bien diferenciadas y que en ellas se contraponen intereses claramente delimitados. También es evidente, que la capacidad de análisis de demostró Belgrano a lo largo de su vida, sumado a sus acciones concretas durante la semana de mayo y su papel en la Primera Junta, fue intencionalmente acomodado. Es decir, deliberadamente se ocultaron hechos y pensamientos que resultaran nocivos para la estructura liberal que desde la historia oficial se trató de imponer. Queda claro que en este rincón del mundo aquellos que fueron los responsables de las primeras acciones revolucionarias que iniciaron el proceso independentista, influidos por la Revolución Francesa, no tienen nada que envidiarle al querido Carlitos Marx.

Fuente consultada: https://www.elhistoriador.com.ar/manuel-belgrano-mucho-mas-que-el-creador-de-la-bandera/

ALEJANDRA PIZARNIK

Alejandra nació en Avellaneda el 29 de abril de 1936 fue una poeta y traductora Argentina.

La infancia de Pizarnik fue difícil y llena de inseguridades. Más adelante, la poeta utilizará estos acontecimientos familiares para conformar su figura poética.

Alejandra escribe de jaulas, de barcos, de ojos. De vinos, de cielos, de lunas. De azares, de flores y de piedras-muy-pesadas. Es surrealista, sexual, depresiva. En sus poemas es de noche y hay una caja de barbitúricos cerca, por si apetece decir “hasta aquí” y descolgar el teléfono para siempre.

Cuando era pequeña, lloraba su acné y se dopaba a anfetaminas para bajar de peso. Se volvió adicta a las pastillas y vivía a caballo entre el insomnio y la euforia: cisnes enfermos volando bajo por aquí. Reventaba a complejos.Tenía celos de su hermana mayor. Tartamudeaba. Sus padres eran joyeros, inmigrantes judíos de origen ruso y eslovaco. Ella hablaba español con acento europeo y se sentía extranjera en cualquier lado, hasta en su lengua.

Empezó Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires. No la acabó. Dio cursos de pintura, de literatura y periodismo; cojos todos por falta de método. Pizarnik era lectora, lectora, lectora. Por eso mamó del romanticismo, del surrealismo, del simbolismo francés. Lírica, psicoanalítica, falta siempre de algo, de alguien inalcanzado.

Dicen que su familia mutiló sus diarios por pudores. Dicen que se enganchó -no se sabe si platónicamente- a Elizabeth Azcona Cranwell, que formaba parte del grupo de Poesía Buenos Aires, reunidos siempre en el Palacio do Café de calle Corrientes.

Nunca confesó ser lesbiana. Le asustaba la palabra “homosexual”: “Prejuicios viejos en mi vida joven”.

Pizarnik feminista

Muchos de sus poemas son vaginas abiertas; y eso la arrastró a convertirse en un icono del feminismo. Por sacar la cabeza como poeta cuando otras no pudieron. Por hablar de erotismo, de frustración y de desgarro. Por hacerlo desde la óptica de la feminidad. “Una flor / no lejos de la noche / mi cuerpo mudo / se abre / a la delicada urgencia del rocío”, escribió en Amantes. Ganas mustias de sí misma y de otros: “Triste cuando deseo y cuando no. / Triste cuando con un cuerpo y cuando no”. Contaba que sentía “un entrañable calor que me abriga cuando el mundo me golpea”, y que ese calor era “el de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero”.

En París vivió con hombres y mujeres. Allí trabajó para la revista Cuadernos y para algunas editoriales francesas; tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Césaire e Yves Bonnefoy; estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona. Se hizo amiga de Julio Cortázar, Rosa Chacel y Octavio Paz. Este último le escribió el prólogo de Árbol de Diana (1962), su cuarto poemario.

Se suicidó a los 36 años, con 50 pastillas de Seconal. Quería morir “como muere un animal pequeño en los cuentos para niños -eso tan terrible lleno de hermosura-“. Y se fue en medio de ese intento suyo de “explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome”.

(…)Entre otras cosas, escribo para que no suceda lo que temo; para que lo que me hiere no sea; para alejar al Malo (cf. Kafka). Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.

(…)

Te pregunto si alguna vez te formulaste la pregunta que se plantea Octavio Paz en el prólogo de El arco y la lira: ¿no sería mejor transformar la vida en poesía que hacer poesía con la vida?

A.P. – Respondo desde uno de mis últimos poemas: Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiendole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir.

Entrevista de Martha Isabel Moia en Barcelona 1972, publicada en El deseo de la palabra.

Aborto legal: a un año de la vigilia histórica frente al Congreso.

El 13 de junio de 2018 fue una jornada histórica para la política argentina: por primera vez el debate por el aborto legal, seguro y gratuito llegó al recinto del Congreso de la Nación. Un millón de personas se movilizaron desde distintos lugares del país para acompañar la sesión. El debate legislativo duró 23 horas y el feminismo consiguió la media sanción en la Cámara de Diputadxs.

El movimiento Ni una menos y la lucha por el aborto legal transformó a las pibas en feministas para siempre. Nos transformó a todes. Las leyes no siempre reflejan el pulso de una época: esta sí
La marea verde es adolescente, tiene voz, voto, no se subordina al patriarcado, sabe lo que quiere y no tiene vuelta atrás. En un día se produjo la síntesis de más de 30 años y la insistencia de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. La lucha tuvo herencia.
No hay una fuerza política que pueda atribuirse la sanción de la ley de aborto legal, porque fue impulso de los feminismos y de las centenas de miles de personas en la calle, a pesar del frío indescriptible y del sueño. Para asesores, diputados y diputadas que estuvieron en todo el proceso de construcción transversal desde marzo a esta parte también algo cambió para siempre en su forma de hacer política. No hay vuelta atrás.
A pesar de que el proyecto se presentó de nuevo, el oficialismo y la oposición acordaron postergar su tratamiento hasta el año que viene.
La Campaña Nacional por el Aborto Legal y Gratuito, encargada de la redacción del nuevo texto, es consciente de esta situación pero no pierde la ilusión: apuesta a colar el debate después de las elecciones generales del 27 de octubre y realizarlo antes del 10 de diciembre, cuando ocurre el recambio parlamentario.
En este punto coincidieron tanto diputados “verdes” como “celestes”, que rápidamente acordaron que las condiciones no estaban dadas para emular lo logrado en 2018. No solo por el interés del Gobierno de no abrir el recinto demasiado sino también por la cantidad de provincias que desdoblaron las elecciones de la nacional, lo que implica que muchos diputados y senadores estén en sus distritos.
Hay otra cuestión que alentó que se dejara de lado el tratamiento: la composición del Congreso. Como no cambió nada con respecto al año pasado, se descuenta que el resultado será el mismo. Ante esto, en Cambiemos -y en un sector de la oposición- consideran que no es conveniente abrir el debate sobre un tema del cual se sabe el resultado.

Las claves del nuevo proyecto
El sujeto que contempla la ley, según el primer artículo, será “toda mujer u otras entidades con capacidad de gestar”. Además, se mantiene que se puede acceder ” hasta las catorce semanas, inclusive, del proceso gestacional”.
Se mantiene el derecho a abortar si el embarazo fuera producto de una violación y si estuviera en riesgo la vida o la salud integral de la mujer o persona gestante. Además, el plazo para acceder seguirá siendo de cinco días desde que se requiera.
Un punto importante es que no se incluye la objeción de conciencia. Esto es porque la Campaña busca que a nadie se le pueda negar el acceso a la IVE: “En ningún caso puede contener consideraciones personales, religiosas o axiológicas de los/las profesionales o personal de salud ni de terceros/as”.
Las menores de trece años que soliciten la práctica deberán hacerlo con el consentimiento informado con la asistencia de al menos uno/a de sus progenitores/as o representante legal. En cambio, si quien quiere realizarse un aborto es una persona adolescente de entre trece y dieciséis años, “se presume que cuenta con aptitud y madurez suficientes para decidir la práctica y prestar el debido consentimiento”. Y para las mayores de 16, se entiende que tienen “plena capacidad” para decidir.
El artículo 11 trae una novedad importante: el derecho al aborto deberá estar incluido en el Plan Médico Obligatorio. De este modo, exige que “todos los agentes y organizaciones que brinden servicios médico-asistenciales a las personas afiliadas o beneficiarias deben incorporar la cobertura integral y gratuita de la interrupción voluntaria del embarazo” e incluye al sector público, privado, obras sociales y prepagas.
En el 12 aparece uno de los reclamos más importantes: la Educación Sexual Integral (ESI). Establece que el Estado, la ciudad de Buenos Aires y el resto de las provincias deben implementar la Ley 26.150 desarrollando la problemática del aborto: “Debe ser enseñado como un derecho de las mujeres y personas gestantes, a través de contenidos científicos, laicos, confiables, actualizados y con perspectiva de género que puedan fortalecer su autonomía. Deben incluirse los contenidos respectivos en el currículo de todos los niveles educativos, independientemente de la modalidad, entorno o ámbito de las instituciones educativas, sean estas de gestión pública estatal, privada o social”.

María Remedios del Valle, la Madre de la Patria

Extraído de Periódico Vas escrito por Mariane Pécora

María Remedios del Valle, la Niña de Ayohuma, la Capitana del Ejército del Norte, la Madre de la Patria, nació en la ciudad de Buenos Aires, entonces capital del Virreinato del Río de la Plata, en 1766. Como establecía el sistema colonial de castas de la época, fue inscripta como ‘parda’ en los registros parroquiales, pues por sus venas corría sangre africana. Por su origen, color de piel y condición de mujer, vivió mamando humillaciones, miseria y discriminación. Sin embargo jugó un rol trascendental en la historia de nuestro país.

Durante la segunda invasión inglesa al Río de la Plata, formó parte del grupo de mujeres que auxilió a los milicianos del Tercio de Andaluces que defendió la ciudad en la zona de Barracas. El comandante de ese cuerpo, José Merelo, relata en el parte de guerra que María Remedios “asistió y guardó las mochilas para aligerar su marcha a los Corrales de Miserere”. Su esposo integraba el Batallón de las Castas, un grupo de voluntarios indios, pardos y morenos que, comandados por el teniente Juan del Pino, participaron en la reconquista de la ciudad.

En 1810 adhiere a la Revolución de Mayo. En julio de ese año, junto a su esposo e hijos, se incorpora a la división comandada por Bernardo de Anzoátegui del Ejército del Norte. Entonces asiste a la tropa curando heridas y proveyendo alimento. En 1811combate en la batalla de Huaqui, donde las fuerzas independentistas son derrotadas. En 1812 Manuel Belgrano se pone al frente del Ejercito del Norte, María Remedios participa activamente en el Éxodo Jujeño y en la batalla de Tucumán, donde adquiere un protagonismo relevante cuando, haciendo caso omiso de los prejuicios de su comandante, arremete desde la retaguardia. Se destaca también en la batalla de Salta, donde, tras el repliegue del ejército español, la soldadesca comienza a llamarla “Madre de la Patria”. Desde entonces Manuel Belgrano le permite combatir en el frente de batalla y la designa “Capitana del Ejército”. En cada una de estas batallas recibe profundas heridas, pero la única irrecuperable fue la pérdida de su marido y sus dos hijos. En octubre de 1813 los realistas derrotan al Ejercito del Norte en Vicalpugio y un mes más tarde en Ayohuma.  En esta última batalla, da combate al tiempo que asiste a la tropa. Pasa a la historia como una de las Niñas de Ayohuma. Pero tras recibir una herida de bala es tomada prisionera por los españoles. No se rinde. Desde el campo de prisioneros colabora en la fuga de varios oficiales de su ejército. Advertidos los realistas de esta maniobra la someten al escarnio público, durante nueve días recibe azotes que dejan huellas en su cuerpo y rostro. No se rinde. Logra escapar y se reintegra al ejército libertador, empuñando las armas y ayudando a los heridos en los hospitales de campaña. Más tarde se une a las fuerzas de Martín Miguel de Güemes y de Juan Antonio Álvarez de Arenales. Herida en seis oportunidades, su ímpetu de batalla es un ejemplo de coraje.

Concluida la guerra, con mucha pena y sin ninguna gloria, regresa a la ciudad de Buenos Aires. Cansada de golpear  puertas y escribir misivas a quienes habían sido sus pares en el campo de batalla y sumida en la más completa indigencia, se refugia en un rancho de las afueras. El hambre, el desamparo y la soledad la llevan a mendigar en los atrios de las iglesias, en La Recova o la Plaza de la Victoria.

Una mañana de 1820 el general Juan José Viamonte, con quien había batallado en Alto Perú,  la reconoce vencida por el frío, acurrucada en La Recova. Comienza, sin suerte, a gestionar una pensión de guerra para La Capitana. En 1826, cuando es elegido diputado, consigue que la Sala de Representantes considere otorgar un reconocimiento monetario por los servicios prestados a la patria por María Remedios. Recién en 1828, los ediles conceden una pensión de apenas 30 pesos mensuales.

En 1830, el flamante gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, la asciende a “Sargento Mayor de Caballería” y la incluye en la  plana mayor del Cuerpo de Inválidos, con el sueldo íntegro de su clase y jerarquía de, aproximadamente, 400 pesos. En gratitud hacia quien la sacó de la indigencia, María Remedios del Valle cambió su nombre a Remedios Rosas.

Murió el 8 de noviembre de 1847, sin haber recibido en vida nada más que un estipendio en reconocimiento por su colaboración en la Guerra de la Independencia.


Julieta Lanteri

Julieta Lanteri nació el 22 de marzo de 1873, en Cuneo, Italia. Llegó a Buenos Aires cuando tenía 6 años, y a diferencia de otros inmigrantes, su padre era propietario de una casa ubicada sobre Av. Santa Fe, condición que les permitió vivir con algunas comodidades y  que Julieta pudiera dedicarse a estudiar.

Fue la primera mujer en recibirse de bachiller en el colegio Nacional de La Plata. En marzo de 1896 solicitó a Leopoldo Montes de Oca, decano de la Facultad de Medicina, el ingreso a la carrera. En 1898 se recibió de farmacéutica en la UBA. Se convirtió en la sexta mujer en recibir el título de médica en nuestro país, y la primer italiana en conseguirlo.

En 1906 participó del congreso Internacional de Libre Pensamiento que se realizó en buenos aires, e integró el Centro Feminista impulsado por Alicia Moreau de Justo.

En 1908 propuso la organización del Primer Congreso Femenino Internacional, que se celebró en Buenos Aires en 1910, y del que fue secretaria, En el presento una ponencia sobre prostitución y acusó a las autoridades de turno: “Si este mal existe es porque los gobiernos no se preocupan por extirparlo, y puede decirse que lo explotan desde que lo reglamentan y sacan impuestos de él”.

A los 36 años, cuando era vista como una solterona, Julieta se casó con un hombre 14 años menor que ella y completamente desconocido. Sus compañeras feministas habían elegido pareja de otra manera. “Fenia Chertkoff se casó con el dirigente socialista, doctor Nicolás Repetto. Su hermana, Mariana Chertkoff, con Juan B. Justo, fundador del partido de su concuñado, quien, luego de enviudar, se unió con Alicia Moreau a la que doblaba en edad; Elvira Rawson, con Arturo Dellepiane, también médico”, diferenció Bellota en su biografía.
Julieta quiso especializarse en salud mental e intentó una adscripción como docente en la Cátedra de Psiquiatría. La rechazaron “con la excusa de su condición de extranjera, pero la verdad debe hallarse en el hecho de ser mujer”, advirtió Barrancos. Tozuda, de una gran inteligencia, Julieta se presentó entonces a reclamar la ciudadanía argentina a la Justicia, un ámbito al que recurriría insistentemente en su gran cruzada por la igualdad. Logró un fallo favorable en primera instancia, pero el procurador fiscal lo desestimó al señalar que se trataba de una mujer casada y como tal requería del permiso del esposo para iniciar la causa judicial. La batalla duró ocho meses, pero finalmente la ganó.

En 1911, tras obtener la nacionalización argentina, fue a inscribirse al Padrón Electoral de la Ciudad de Buenos Aires aprovechando el reempadronamiento. Quería votar en las elecciones que se aproximaban para renovar el Concejo Deliberante. Se convirtió en pionera. Con su vestido blanco se presentó en la iglesia de San Juan, en una fila masculina, en una época en la que era impensado que una mujer sufragara. Fue el 23 de noviembre de 1911, faltaban casi cuarenta años para la sanción del voto femenino.

En vísperas de los comicios nacionales de 1919 descubrió que su nombre no figuraba en los padrones y volvió a recurrir a los tribunales, pero su reclamo fue rechazado con el argumento de que debía exhibir la libreta de enrolamiento, un documento exclusivamente masculino. Decidió dejar esa batalla para más adelante. Encontró que la Constitución nacional vedaba la posibilidad de votar a las mujeres pero no la de ser elegidas. Entonces, creó su propia agrupación, el Partido Nacional Feminista, en abril de 1919, y se presentó como candidata a diputada. Nuevamente sería pionera.

En 1920 organizó junto con Alicia Moreau de Justo un simulacro de votación femenina en el que participaron más de 4000 porteñas. Siguió presentándose como candidata hasta 1930. En el ínterin reclamó en los cuarteles y hasta frente al ministro de Guerra de Yrigoyen que le permitieran hacer el servicio militar para poder así conseguir libreta de enrolamiento e incorporarse al padrón.

Murió dos años después, el 23 de febrero de 1932, en un extraño accidente. La atropelló un auto en la esquina de Diagonal Norte y Suipacha a las 3 de la tarde. Tanto Bellota como la periodista Ana María de Mena, que publicó en 2002 un libro sobre Lanteri, pudieron recabar indicios como para sospechar –dicen– que pudo tratarse de un asesinato político. Julieta tenía 59 años. Dos días antes había asumido el general Agustín P. Justo como nuevo presidente.

NI UNA MENOS

En 1995, Susana Chávez escribió un poema con la frase «Ni una muerte más» para protestar por los feminicidios en Ciudad Juárez. En 2011, la poetisa fue una víctima de femicidio.

Vanina Escales, comunicadora y activista, propuso «Ni una menos» para llamar a la maratón de lectura del 26 de marzo de 2015 y el nombre se mantuvo para la movilización del 3 de junio de 2015.
La primera edición de la movilización contra la violencia de género Ni Una Menos reunió alrededor de 250 mil personas en la ciudad de Buenos Aires, el 3 de junio de 2015. Se multiplicó en más de 120 puntos del país. Hubo manifestaciones con decenas de miles de asistentes y otras con cien, en ciudades y pueblos.

El 3 de junio de 2015, cientos de miles de personas salieron a la calle en distintos puntos de la Argentina, movilizadas con la consigna “ni una menos”. 23 días antes, un grupo de periodistas, artistas, investigadoras y activistas había difundido por Twitter la convocatoria. “Basta de femicidios”, fue el llamado: “sólo por ser mujer cada 30 horas una mujer es asesinada en nuestro país” (Observatorio de Femicidios en la Argentina 2015) Campaña que fue desde el 11 de mayo al 3 de junio que se movilizó. En la Argentina, la convocatoria Ni Una Menos se ha convertido en un máximo exponente de las multitudes auto convocadas y auto organizadas a través de la red.


“Ni Una Menos salió del gueto de grupos feministas minúsculos a la agenda pública, las tapas de los diarios, los medios. Probablemente las mujeres dentro de los medios hegemónicos empezaron a ver que ese tratamiento estigmatizador y que culpabiliza a las víctimas era una cosa contra ellas mismas. Hubo una toma de conciencia. Quedó claro que lo personal es político, no es individual. La violencia no es un fenómeno individual, entonces no puede ser tratada como un crimen pasional o crímenes individuales” (Sabrina Cartabia, organizadora).

“Ni Una Menos implica la posibilidad de muchas mujeres de darse cuenta de que no están solas. Ese momento en que la lucha contra la violencia toma un estado público mucho mayor en redes sociales y en medios de comunicación, genera un antes y un después” (Luciana Peker)

A  los reclamos del colectivo este 2019 se sumaron también este 3 de junio el de la declaración de emergencia por la violencia de género, la aprobación de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) y la aplicación de la Educación Sexual Integral (ESI).

En paralelo a las marchas en Buenos Aires hubo movilizaciones tras la consigna #3J2019 en distintas ciudades del país como La Plata, Salta, Mar del Plata, Jujuy, Tucumán y Córdoba; en esta última, el fin de semana pasado ocurrieron dos femicidios en las localidades de Viamonte y Anisacate.

Alicia Moreau de Justo

Alicia Moreau nació el 11 de octubre de 1885 en Londres, lugar al que debieron exiliarse sus padres buscando refugio producto de las persecuciones luego de la derrota de la Comuna de Paris de 1871, de la que su padre participó activamente.

Poco después volvieron a Buenos Aires, donde Armand Moreau se unió al grupo socialista “Los Iguales” una de las organizaciones que luego formaría parte de la fundación del Partido Socialista.

Alicia cursó la escuela secundaria en el Normal 1, donde en el año 1904 recibió su título de maestra. En esos años tuvo como profesor de filosofía a Hipólito Yrigoyen.

En 1906 participó del Congreso Internacional de Libre Pensamiento, allí presentó un trabajo titulado “Educación y revolución” sobre la educación en la Revolución Francesa, que le otorgó el reconocimiento de importantes figuras como, José Ingenieros, Juan B. Justo, Margarita Ferrari, María Abella de Ramírez, Enrique del Valle Iberlucea y Enrique Dickman. Alicia decía: “La Iglesia ha perdido su prestigio, el mundo se ríe de las excomuniones. Si ha caído este poder, inmenso en una época, si la humanidad se ha curado de uno de sus mayores males, ¿Cómo no ha de curarse de los otros, curarse del dogma patriótico? Desaparecerán las desigualdades sociales que hacen que la inmensa mayoría de la gente tenga ante todo el derecho de sufrir al lado de los que tienen el de gozar de la vida en toda su belleza”.

Al poco tiempo, la llamaron para dar cursos en la Sociedad Luz, institución creada para promover la educación obrera. Allí, enseñó filosofía, astronomía, teorías científicas, hasta los efectos del consumo de alcohol y transmisión de enfermedades venéreas.

En 1910, creó el Ateneo Popular, un centro de difusión de la cultura para la clase obrera.

Estuvo muy comprometida con las causas sociales, por eso apoyo la huelga de inquilinos, participó en la creación de la Liga de los Derechos del Niño y en el Comité Pro Derecho del Sufragio Femenino.

En el año 1914 se recibió de médica. Su tesis doctoral fue sobre la función endocrina del ovario, realizó su residencia en el Hospital de Clínicas y al poco tiempo se especializó en enfermedades femeninas.

Participó como delegada en el Congreso Internacional de Obreras que se llevó a cabo en Washington en 1919, allí conoció a las sufragistas norteamericanas. Este encuentro le sirvió de impulso para crear la Unión Feminista Nacional.

En 1920, la Unión llevo a cabo un simulacro de votación: instalaron urnas en 20 distritos electorales de la Capital. El escrutinio le dio el triunfo a las socialistas y en segundo lugar a las radicales. Mientras que en las elecciones oficiales de ese año se enfrentaron dos mujeres: Alicia Riglos de Berón de Astrada, por el Partido Socialista, y Julieta Lanteri por el Partido Feminista Nacional.

Un año después, Alicia se afilió al Partido Socialista y luego de casarse con el doctor Juan Bautista Justo, se incorporó al Comité ejecutivo quedando a cargo de las agrupaciones feministas. Su trabajo fue fundamental para la obtención de los derechos de las mujeres, aunque no se consiguieron los derechos cívicos.

Al morir su esposo, en 1928, Alicia decidió no bajar los brazos y continuar trabajando en pos de mejorar la realidad del país.

En 1932, el socialismo presentó un proyecto de ley para establecer el Sufragio Femenino pero fue ampliamente rechazado por los conservadores y no se concretó hasta 1947.​ Apoyó a la Segunda República Española en la guerra civil y fue una asidua crítica del peronismo, al que juzgó como antidemocrático.

En 1958, participó de la división del Partido Socialista y la fundación del Partido Socialista Argentino, ocupando la dirección del periódico La Vanguardia hasta 1960.

Participó activamente en temas vinculados a la lucha contra la dictadura militar, los derechos de las mujeres y cuestiones políticas vinculadas al partido socialista.

Falleció a los 100 años, el 12 de mayo de 1986.

“El 21 de noviembre tendrá lugar un nuevo ensayo de voto femenino. Esta vez con motivo de las elecciones municipales… (…) Lo que pretendemos es despertar la atención de las mujeres, es interesarlas en el movimiento, es provocar una manifestación de opiniones. (…) Cuando hayamos llegado a la conquista del sufragio, sólo entonces será el momento de una acción política definida… (…) Recuerden…que los verdaderos derechos se deben conquistar, que es necesario vencer los conservadores, rutinarios retrógrados, los temerosos de lo nuevo, los amantes del pasado, que es necesario vencer el temor de los políticos que ven con recelo esa incógnita que encierra el voto femenino ( y tal vez sea éste el mayor obstáculo); recuerden las mujeres que dispersas las fuerzas se debilitan y que para conseguir el bien común necesario es sacudir la apatía y elevarse por encima del bienestar del momento presente.”

Revista Nuestra Causa, “El ensayo del voto municipal femenino”, por Alicia Moreau, 10 de noviembre de 1920