ALEJANDRA PIZARNIK

Alejandra nació en Avellaneda el 29 de abril de 1936 fue una poeta y traductora Argentina.

La infancia de Pizarnik fue difícil y llena de inseguridades. Más adelante, la poeta utilizará estos acontecimientos familiares para conformar su figura poética.

Alejandra escribe de jaulas, de barcos, de ojos. De vinos, de cielos, de lunas. De azares, de flores y de piedras-muy-pesadas. Es surrealista, sexual, depresiva. En sus poemas es de noche y hay una caja de barbitúricos cerca, por si apetece decir “hasta aquí” y descolgar el teléfono para siempre.

Cuando era pequeña, lloraba su acné y se dopaba a anfetaminas para bajar de peso. Se volvió adicta a las pastillas y vivía a caballo entre el insomnio y la euforia: cisnes enfermos volando bajo por aquí. Reventaba a complejos.Tenía celos de su hermana mayor. Tartamudeaba. Sus padres eran joyeros, inmigrantes judíos de origen ruso y eslovaco. Ella hablaba español con acento europeo y se sentía extranjera en cualquier lado, hasta en su lengua.

Empezó Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires. No la acabó. Dio cursos de pintura, de literatura y periodismo; cojos todos por falta de método. Pizarnik era lectora, lectora, lectora. Por eso mamó del romanticismo, del surrealismo, del simbolismo francés. Lírica, psicoanalítica, falta siempre de algo, de alguien inalcanzado.

Dicen que su familia mutiló sus diarios por pudores. Dicen que se enganchó -no se sabe si platónicamente- a Elizabeth Azcona Cranwell, que formaba parte del grupo de Poesía Buenos Aires, reunidos siempre en el Palacio do Café de calle Corrientes.

Nunca confesó ser lesbiana. Le asustaba la palabra “homosexual”: “Prejuicios viejos en mi vida joven”.

Pizarnik feminista

Muchos de sus poemas son vaginas abiertas; y eso la arrastró a convertirse en un icono del feminismo. Por sacar la cabeza como poeta cuando otras no pudieron. Por hablar de erotismo, de frustración y de desgarro. Por hacerlo desde la óptica de la feminidad. “Una flor / no lejos de la noche / mi cuerpo mudo / se abre / a la delicada urgencia del rocío”, escribió en Amantes. Ganas mustias de sí misma y de otros: “Triste cuando deseo y cuando no. / Triste cuando con un cuerpo y cuando no”. Contaba que sentía “un entrañable calor que me abriga cuando el mundo me golpea”, y que ese calor era “el de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero”.

En París vivió con hombres y mujeres. Allí trabajó para la revista Cuadernos y para algunas editoriales francesas; tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Césaire e Yves Bonnefoy; estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona. Se hizo amiga de Julio Cortázar, Rosa Chacel y Octavio Paz. Este último le escribió el prólogo de Árbol de Diana (1962), su cuarto poemario.

Se suicidó a los 36 años, con 50 pastillas de Seconal. Quería morir “como muere un animal pequeño en los cuentos para niños -eso tan terrible lleno de hermosura-“. Y se fue en medio de ese intento suyo de “explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome”.

(…)Entre otras cosas, escribo para que no suceda lo que temo; para que lo que me hiere no sea; para alejar al Malo (cf. Kafka). Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.

(…)

Te pregunto si alguna vez te formulaste la pregunta que se plantea Octavio Paz en el prólogo de El arco y la lira: ¿no sería mejor transformar la vida en poesía que hacer poesía con la vida?

A.P. – Respondo desde uno de mis últimos poemas: Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiendole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir.

Entrevista de Martha Isabel Moia en Barcelona 1972, publicada en El deseo de la palabra.

María Remedios del Valle, la Madre de la Patria

Extraído de Periódico Vas escrito por Mariane Pécora

María Remedios del Valle, la Niña de Ayohuma, la Capitana del Ejército del Norte, la Madre de la Patria, nació en la ciudad de Buenos Aires, entonces capital del Virreinato del Río de la Plata, en 1766. Como establecía el sistema colonial de castas de la época, fue inscripta como ‘parda’ en los registros parroquiales, pues por sus venas corría sangre africana. Por su origen, color de piel y condición de mujer, vivió mamando humillaciones, miseria y discriminación. Sin embargo jugó un rol trascendental en la historia de nuestro país.

Durante la segunda invasión inglesa al Río de la Plata, formó parte del grupo de mujeres que auxilió a los milicianos del Tercio de Andaluces que defendió la ciudad en la zona de Barracas. El comandante de ese cuerpo, José Merelo, relata en el parte de guerra que María Remedios “asistió y guardó las mochilas para aligerar su marcha a los Corrales de Miserere”. Su esposo integraba el Batallón de las Castas, un grupo de voluntarios indios, pardos y morenos que, comandados por el teniente Juan del Pino, participaron en la reconquista de la ciudad.

En 1810 adhiere a la Revolución de Mayo. En julio de ese año, junto a su esposo e hijos, se incorpora a la división comandada por Bernardo de Anzoátegui del Ejército del Norte. Entonces asiste a la tropa curando heridas y proveyendo alimento. En 1811combate en la batalla de Huaqui, donde las fuerzas independentistas son derrotadas. En 1812 Manuel Belgrano se pone al frente del Ejercito del Norte, María Remedios participa activamente en el Éxodo Jujeño y en la batalla de Tucumán, donde adquiere un protagonismo relevante cuando, haciendo caso omiso de los prejuicios de su comandante, arremete desde la retaguardia. Se destaca también en la batalla de Salta, donde, tras el repliegue del ejército español, la soldadesca comienza a llamarla “Madre de la Patria”. Desde entonces Manuel Belgrano le permite combatir en el frente de batalla y la designa “Capitana del Ejército”. En cada una de estas batallas recibe profundas heridas, pero la única irrecuperable fue la pérdida de su marido y sus dos hijos. En octubre de 1813 los realistas derrotan al Ejercito del Norte en Vicalpugio y un mes más tarde en Ayohuma.  En esta última batalla, da combate al tiempo que asiste a la tropa. Pasa a la historia como una de las Niñas de Ayohuma. Pero tras recibir una herida de bala es tomada prisionera por los españoles. No se rinde. Desde el campo de prisioneros colabora en la fuga de varios oficiales de su ejército. Advertidos los realistas de esta maniobra la someten al escarnio público, durante nueve días recibe azotes que dejan huellas en su cuerpo y rostro. No se rinde. Logra escapar y se reintegra al ejército libertador, empuñando las armas y ayudando a los heridos en los hospitales de campaña. Más tarde se une a las fuerzas de Martín Miguel de Güemes y de Juan Antonio Álvarez de Arenales. Herida en seis oportunidades, su ímpetu de batalla es un ejemplo de coraje.

Concluida la guerra, con mucha pena y sin ninguna gloria, regresa a la ciudad de Buenos Aires. Cansada de golpear  puertas y escribir misivas a quienes habían sido sus pares en el campo de batalla y sumida en la más completa indigencia, se refugia en un rancho de las afueras. El hambre, el desamparo y la soledad la llevan a mendigar en los atrios de las iglesias, en La Recova o la Plaza de la Victoria.

Una mañana de 1820 el general Juan José Viamonte, con quien había batallado en Alto Perú,  la reconoce vencida por el frío, acurrucada en La Recova. Comienza, sin suerte, a gestionar una pensión de guerra para La Capitana. En 1826, cuando es elegido diputado, consigue que la Sala de Representantes considere otorgar un reconocimiento monetario por los servicios prestados a la patria por María Remedios. Recién en 1828, los ediles conceden una pensión de apenas 30 pesos mensuales.

En 1830, el flamante gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, la asciende a “Sargento Mayor de Caballería” y la incluye en la  plana mayor del Cuerpo de Inválidos, con el sueldo íntegro de su clase y jerarquía de, aproximadamente, 400 pesos. En gratitud hacia quien la sacó de la indigencia, María Remedios del Valle cambió su nombre a Remedios Rosas.

Murió el 8 de noviembre de 1847, sin haber recibido en vida nada más que un estipendio en reconocimiento por su colaboración en la Guerra de la Independencia.


Julieta Lanteri

Julieta Lanteri nació el 22 de marzo de 1873, en Cuneo, Italia. Llegó a Buenos Aires cuando tenía 6 años, y a diferencia de otros inmigrantes, su padre era propietario de una casa ubicada sobre Av. Santa Fe, condición que les permitió vivir con algunas comodidades y  que Julieta pudiera dedicarse a estudiar.

Fue la primera mujer en recibirse de bachiller en el colegio Nacional de La Plata. En marzo de 1896 solicitó a Leopoldo Montes de Oca, decano de la Facultad de Medicina, el ingreso a la carrera. En 1898 se recibió de farmacéutica en la UBA. Se convirtió en la sexta mujer en recibir el título de médica en nuestro país, y la primer italiana en conseguirlo.

En 1906 participó del congreso Internacional de Libre Pensamiento que se realizó en buenos aires, e integró el Centro Feminista impulsado por Alicia Moreau de Justo.

En 1908 propuso la organización del Primer Congreso Femenino Internacional, que se celebró en Buenos Aires en 1910, y del que fue secretaria, En el presento una ponencia sobre prostitución y acusó a las autoridades de turno: “Si este mal existe es porque los gobiernos no se preocupan por extirparlo, y puede decirse que lo explotan desde que lo reglamentan y sacan impuestos de él”.

A los 36 años, cuando era vista como una solterona, Julieta se casó con un hombre 14 años menor que ella y completamente desconocido. Sus compañeras feministas habían elegido pareja de otra manera. “Fenia Chertkoff se casó con el dirigente socialista, doctor Nicolás Repetto. Su hermana, Mariana Chertkoff, con Juan B. Justo, fundador del partido de su concuñado, quien, luego de enviudar, se unió con Alicia Moreau a la que doblaba en edad; Elvira Rawson, con Arturo Dellepiane, también médico”, diferenció Bellota en su biografía.
Julieta quiso especializarse en salud mental e intentó una adscripción como docente en la Cátedra de Psiquiatría. La rechazaron “con la excusa de su condición de extranjera, pero la verdad debe hallarse en el hecho de ser mujer”, advirtió Barrancos. Tozuda, de una gran inteligencia, Julieta se presentó entonces a reclamar la ciudadanía argentina a la Justicia, un ámbito al que recurriría insistentemente en su gran cruzada por la igualdad. Logró un fallo favorable en primera instancia, pero el procurador fiscal lo desestimó al señalar que se trataba de una mujer casada y como tal requería del permiso del esposo para iniciar la causa judicial. La batalla duró ocho meses, pero finalmente la ganó.

En 1911, tras obtener la nacionalización argentina, fue a inscribirse al Padrón Electoral de la Ciudad de Buenos Aires aprovechando el reempadronamiento. Quería votar en las elecciones que se aproximaban para renovar el Concejo Deliberante. Se convirtió en pionera. Con su vestido blanco se presentó en la iglesia de San Juan, en una fila masculina, en una época en la que era impensado que una mujer sufragara. Fue el 23 de noviembre de 1911, faltaban casi cuarenta años para la sanción del voto femenino.

En vísperas de los comicios nacionales de 1919 descubrió que su nombre no figuraba en los padrones y volvió a recurrir a los tribunales, pero su reclamo fue rechazado con el argumento de que debía exhibir la libreta de enrolamiento, un documento exclusivamente masculino. Decidió dejar esa batalla para más adelante. Encontró que la Constitución nacional vedaba la posibilidad de votar a las mujeres pero no la de ser elegidas. Entonces, creó su propia agrupación, el Partido Nacional Feminista, en abril de 1919, y se presentó como candidata a diputada. Nuevamente sería pionera.

En 1920 organizó junto con Alicia Moreau de Justo un simulacro de votación femenina en el que participaron más de 4000 porteñas. Siguió presentándose como candidata hasta 1930. En el ínterin reclamó en los cuarteles y hasta frente al ministro de Guerra de Yrigoyen que le permitieran hacer el servicio militar para poder así conseguir libreta de enrolamiento e incorporarse al padrón.

Murió dos años después, el 23 de febrero de 1932, en un extraño accidente. La atropelló un auto en la esquina de Diagonal Norte y Suipacha a las 3 de la tarde. Tanto Bellota como la periodista Ana María de Mena, que publicó en 2002 un libro sobre Lanteri, pudieron recabar indicios como para sospechar –dicen– que pudo tratarse de un asesinato político. Julieta tenía 59 años. Dos días antes había asumido el general Agustín P. Justo como nuevo presidente.

Virginia Bolten

Una de las anarquistas más reconocidas en la historia del movimiento obrero de Argentina y Uruguay. Rearmar su historia y todo su recorrido no fue tarea fácil, Agustina Pietro, Investigadora del Consejo de Investigaciones de la Universidad Nacional de Rosario, Laura Fernández Cordero, Investigadora asistente del CONICET y docente de la UBA, Pascual Muñoz, Licenciado en Sociología en la Universidad de la República Uruguay e investigador independiente del anarquismo en la región uruguaya reconstruyeron la vida de Bolten, encontraron documentación desconocida y la publicaron en la edición número 14 de “Políticas de la Memoria”.

El acta de bautismo indica como fecha de nacimiento el 26 de diciembre de 1876, según ese documento su padre era alemán y su madre, María Dominga Sánchez era de San Luis. La primera referencia fehaciente a la presencia de Bolten en Rosario proviene del segundo Censo Nacional realizado en mayo de 1895. Manuel Manrique (21) y Virginia de Manrique (19). Sabían leer y escribir, llevaban 1 año de casados y no tenían hijos. El casillero con la pregunta si no es católico, ¿qué religión tiene? fue dejado en blanco, las instrucciones operativas del censo establecían que “el censista solo hará la pregunta sobre religión cuando tenga motivo para creer que el censado no es católico en cuyo caso anotará con una sola palabra el nombre de la religión que le digan , si el censado es católico se dejará la línea en blanco. Su primer hija nacida en octubre de ese año fue bautizada según registros.

Esta información pone en duda la participación protagónica de Bolten en el acto conmemorativo del 1ro de mayo de 1890 de Rosario.No se encontraron referencias directas en la prensa, ni tampoco hay indicios que se muestre su participación efectiva de todos modos es posible que participase aunque tenía solo 14 años, tampoco hay pruebas de su pertenencia al anarquismo en ese momento. Según el censo sabemos que por ese entonces era católica, es probable que su identificación con el anarquismo haya tenido lugar hacia fines de 1898, cuando regresan de Montevideo hacia Rosario.

En el año 1902 Rosario era “La Meca del anarquismo” o “La Barcelona Argentina”, cuya construcción material y simbólica de la Barcelona Argentina fue obra de muchos hombres y mujeres cuyos nombres quedaron en el anonimato y de algunas figuras como Emilio Z de Arana, Rómulo Ovidi, Teresa Marchisio, Virginia Bolten, Domingo Lodi, entre otrxs. La promulgación de la ley de residencia a fines de ese año, puso en situación de expulsados a la totalidad de lxs mencionadxs. Virginia Bolten figuraba en el listado de los afectados por dicha ley como “anarquistas y agitadores que deben ser vigilados”, Bolten y Manrique dejaron la ciudad para esa fecha.

El anarquismo en general era reacio a separar la emancipación de las mujeres de la lucha por la emancipación de la humanidad, así que las dos luchas se entrelazaban. En este marco Virginia Bolten fue una militante integral que buscaría dar a la emancipación de sus compañeras de trabajo, de vida, de genero, un espacio central en el ideario libertario.

Se la menciona a Bolten como una de las fundadoras de La Voz de la Mujer de Buenos Aires de 1896/1897.La Protesta,el periódico Libertario de Bs As da cuenta de las actividades desplegadas por el Grupo Las Proletarias, donde las mujeres tienen nombre propio y el de Virginia Bolten una presencia destacada: escribe doctrina, actúa como corresponsal y aparece como protagonista de varios de los sucesos que acompañó a la construcción de la Barcelona Argentina.

Durante el año 1903 Virginia realizó una extensa gira de propaganda impulsada por el Comité Federal de la federación obrera Argentina que la llevó por San Nicolás, Campana, Tandil, Villa Constitución, Santa Fe, Rafaela y Rosario para concluir con una participación en la celebración del segundo aniversario de la fundación del Sindicato de Portuarios que tuvo lugar en la ciudad de Buenos Aires. Entre sus temas a desarrollar hablaba de Emancipación de la mujer y de El verdadero Feminismo. Participó como oradora en funciones de propaganda ideológica pero intervino también en asambleas de sociedades que plantean reclamos gremiales (panaderos, carpinteros) y que se crean o reorganizan en función de estos reclamos.

En 1905 Virginia es deportada junto a sus 4 hijxs, así recalaron en Montevideo, los deportados fueron recibidos por los anarquistas de la ciudad que rápidamente comenzaron la agitación contra la represión en Argentina. Durante el tiempo en el que se encuentra refugiada en Uruguay realizó colaboraciones en distintos medios gráficos con artículos en constantes ataques al gobierno Argentino y al pedido de la lucha frontal contra el mismo. Participó así del periódico El Obrero y Regeneración, a comienzos de 1908 colabora con el diario La Acción Obrera, este periódico se hace eco de las luchas de los obreros de los frigoríficos y ramas afines.

Para 1909 estuvo cercana al equipo redactor de La Nueva Senda, este periódico irrumpe en el campo de la propaganda anarquista con un lenguaje más combativo que el empleado por el resto de la prensa anarquista del momento. En Montevideo organizó protestas por la brutal represión del 1 de mayo de 1909 en Buenos Aires, donde las fuerzas policiales de Ramón Falcón asesinaron cerca de una decena de obreros.

En 1911 trabajó en la Asociación Femenina Emancipación, organizando a las mujeres anticlericales, a las operadoras telefónicas (en su mayoría mujeres) y activó contra las sufragistas femeninas.

El año 1912 encuentra a Virginia participando del 1ro de mayo en un acto convocado conjuntamente por la Federación Obrera y el Partido Socialista en Uruguay, en su discurso reivindicó para la mujer el derecho de defender sus ideas y afirmó que no quería aplausos sino conciencia. De aquí en más los pasos de ella se hacen difusos, para estos tiempos Virginia Bolten ya es considerada una “Vieja Luchadora”.

Murió muchos años después el 23 de julio de 1960, según sus familiares se despidió con la misma lucidez mental y rectitud moral que sostuvo durante toda su vida.


En la edición del mes de octubre de La Protesta en 1900 Bolten firma una nota de carácter doctrinario “Preguntas y respuestas”