Sandra, Rubén y Carlos

Hace ya algunos días que debía haber escrito algo sobre Sandra Calamano y Rubén Rodríguez, pero sinceramente me resultó muy difícil. Al cumplirse un año de la explosión que se llevó la vida de estas dos personas decidí buscar el video en el que Sandra defendió la necesidad de sostener a las orquestas juveniles y la importancia de la educación pública y no pude contener las lágrimas. En el discurso de Sandra o en las fotos de Rubén se puede ver y escuchar a Sandra y a Rubén, pero también se puede escuchar y ver otra cosa. Sandra y Rubén son la voz y la imagen de muchas personas, de muchos trabajadores que luchan por un educación digna.

Cuando finalmente logro sentarme y escribir, sin borrar o sin descartar lo pensado anteriormente, se me cruza otro rostro que también es bandera, hablo de Carlos Fuentealba que hace ya doce años la violencia institucional le arrebató la vida.

La lucha de Sandra, de Rubén y de Carlos no están aisladas, se entrelazadas, se continúan, tienen un hilo conductor, ese hilo es el de la dignidad. Al sistema educativo y a los trabajadores de la educación les han arrebatado la dignidad hace mucho tiempo. Pero hay luchas que evidentemente son inclaudicables. A Fuentealba el Estado lo mató en el 2007.A Sandra y a Rubén el Estado también fue el responsable de sus muertes en el 2018. Cuando vemos los rostros de Sandra, de Rubén y de Carlos estamos frente a la cara de miles de docentes desempeñan sus tareas en condiciones adversas.

Todo aquel que sea ajeno a la cotidianeidad de un trabajador de la educación difícilmente pueda comprender de qué va el trabajo que éste desempeña. La dinámica de las escuelas no es la misma que la de cualquier otro trabajo. Porque el material con el que se trabaja es extremadamente frágil. Me refiero a los alumnos. La fragilidad de los niños, las niñas y les adolescentes está condicionada por su entorno y por la coyuntura. Cuando un niño o una niña no cena o no desayuna se desmaya en la escuela. Sandra y Rubén sabían esto, miles de docentes también lo sabemos y obviamente el Estado también lo sabe, pero evidentemente a este Estado que los pibes se desmayen le importa.

El trabajo en las escuelas no entiende de estructuras fijas. Todo docente sabe cuándo empieza su trabajo pero nunca sabe cuándo realmente termina. El docente no trabaja cuatro horas, el docente no tiene tres meses de vacaciones, el docente no puede ser reemplazado por un voluntario. El trabajador de la educación convive con jóvenes y con adultos, con niños y niñas, pero también convive con la violencia, el hambre y con la ausencia estatal. Un Estado ausente se traduce en edificios que literalmente se caen a pedazos. Un Estado ausente es la falta de pan, de carne o de leche en el comedor de la escuela. Un Estado ausente es el desmayo matutino y el embarazo adolescente.

Sandra y Rubén mueren cada vez que un chico abandona sus estudios, mueren cada vez que no hay para zapatillas o guardapolvos.  Sandra, Rubén y Carlos nacen y renacen cuando un joven decide ser maestro y cuando ese o esa joven sepa y tenga la certeza de que no todo se compra o se vende y que cada día sienta ganas de cambiar el mundo.

Hace algunos días en Avellaneda Sandra y Rubén estuvieron presentes. Se declaró al 2 de agosto como el “Día en defensa de la Escuela digna y segura”. La iniciativa estuvo a cargo del concejal Hilda Cabrera que entendió que no se puede ser ajeno a la muerte de los trabajadores de la educación. Trabajadores que dejaron su vida para que otras vidas puedan crecer y desarrollarse, para que niños y niñas con la panza llena sean personas de bien.

Me hubiera encantado no tener que estar escribiendo esto. Me hubiera gustado no tener que saber quiénes fueron Sandra, Rubén y Carlos. Me hubiera encantado decir que el derecho a la educación digna está en plena vigencia, pero esto hoy no es posible. Hoy Sandra, Rubén y Carlos no están físicamente pero estoy seguro que van a trascender en la tarea de cada uno de los hombres y mujeres que cada vez que entren a una escuela entiendan que ahí, entre tizas y pizarrones está el futuro y hay que cuidarlo.