Elogio a la memoria

En éstos tiempos de modernidad líquida, en donde se ponen en duda y se derriban las viejas estructuras y las nuevas son endebles e inseguras.

Hoy cuando casi todo o todo da lo mismo. Donde “tanto vendes, tanto vales” y caído el muro “ya no somos tan iguales”

En éstas épocas en donde la posverdad está a la orden del día y “las aseveraciones dejan de basarse en hechos objetivos, para apelar a las emociones, creencias o deseos públicos”.

Es necesario y urgente alzar las banderas de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Poner rodilla en tierra y sostener los ideales que no se negocian ni se venden.

Y es por eso que cuando las calles toman nuevos nombres, y aquellas flores que fueron arrancadas de la vida brotan nuevamente convertidas en banderas de lucha. Es tiempo de apretar los puños y sostener las victorias.

Graciela Lidia Sartal nació el 3 de junio de 1951. Egresó como maestra normal en 1968 de la Escuela Normal Superior Prospero Alemandri (ENSPA). También se recibió de periodista en la Facultad de periodismo de la Universidad Nacional de La Plata en 1975. Graciela militó en Juventud Universitaria Peronista y se desempeñó como maestra en varias escuelas de Avellaneda. Estudió Historia en la Universidad de Buenos Aires hasta 1976, precisamente hasta el 29 de julio, cuando un grupo de tareas de la Esma irrumpió en su hogar de la calle San Vicente de Villa Domínico y de la llevó junto a toda su familia al centro clandestino de detención. Su papá, Héctor Sartal fue asesinado por los miembros de la armada, Graciela aún continúa desaparecida.

Hoy a casi 43 años de su secuestro y desaparición GRACIELA SARTAL tiene una calle que lleva su nombre. Hoy podemos decir que la memoria, la verdad y la justicia no claudican. Se mantienen firmes junto con los que lucharon por una patria justa, libre y soberana.

D.H.