Cecilia Grierson

Cecilia Grierson, la primera médica de nuestro país, fue un símbolo de lucha y de entrega, una mujer que en pleno siglo XIX supo convertir obstáculos en desafíos, y labrarse un destino muy diferente al que la sociedad de entonces le tenía reservado. Maestra, médica, educadora incansable, fue pionera en el campo de la obstetricia, la kinesiología, la puericultura, la difusión de primeros auxilios y múltiples saberes. Fue además fundadora de instituciones que dejaron huella en nuestro país. 22/11/1859- 10/04/1934

Cecilia Grierson nació el 22 de noviembre de 1859 en Buenos Aires pero pasó buena parte de su infancia en una zona rural conocida como Entre Ríos. Su padre, Parish Robertson Grierson era descendiente de los primeros colonos escoceses que llegaron a Argentina y su madre, Jane Duffy, era de origen irlandés. Ambos trabajaban en el campo. Durante un breve periodo de tiempo pudo marchar a Buenos Aires a estudiar pero al enfermar su padre volvió con su familia. De vuelta a Entre Ríos, Cecilia se dedicaba a ayudar a su madre como maestra rural a pesar de tener entonces solamente 13 años.

Al morir su padre, Cecilia volvió a la capital donde, además de trabajar como niñera, inició sus estudios de magisterio que terminó en 1878. Cecilia siempre había pensado que su vida profesional estaría ligada a la docencia hasta que sufrió la muerte inesperada de una amiga a causa de una larga enfermedad. A partir de ese momento tuvo claro que tenía que dedicar su vida a curar a los demás.

En un tiempo en el que una mujer universitaria era algo poco menos que impensable, Cecilia consiguió matricularse en la Facultad de Medicina no sin antes presentar un argumentario escrito de las razones por las cuales creía que debía incorporarse a la universidad. Tenía 23 años y consiguió su título en medicina en el mismo tiempo que sus compañeros quienes no lo harían precisamente fácil su estancia en la facultad.

El 2 de julio de 1889 se graduaba en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires convirtiéndose en la primera mujer en conseguirlo en su país.

En el campo de la medicina, fue pionera en cuestiones como la ginecología, la puericultura, los primeros auxilios, las ayudas a sordos y mudos.

Cecilia Grierson tampoco lo tuvo fácil al terminar sus estudios. Cuando quiso optar a un puesto de profesora sustituta de la Cátedra de Obstetricia para parteras, a pesar de ser la única en presentarse, el concurso se declaró nulo, prefiriendo no escoger a nadie que elegir a una mujer. Cecilia dio clases por otras vías, formó parte activa de distintas asociaciones y algunas de ellas fundadas por la propia Cecilia como la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios o la Asociación Obstétrica Nacional.

El mismo año que fundaba esta asociación, en 1901, creaba también la Revista Obstétrica para ayudar en la formación y el conocimiento de las parteras. Para completar su experiencia, viajó a Europa donde visitó varios centros sanitarios en distintas ciudades.

Su experiencia y conocimientos, además de transmitirlos con su labor diaria y en distintos cursos, se plasmó en varias publicaciones. Uno de ellos, Masaje Práctico, publicado en 1897, fue un precedente de toda la literatura kinesiológica posterior y sentó las bases de la kinesiología argentina.

La doctora feminista

Además de luchar día a día por la mejora de las condiciones de los enfermos, Cecilia Grierson encontró tiempo para luchar en favor de los derechos de las mujeres. Ya en su viaje al Viejo Continente fue nombrada vicepresidenta del Congreso Internacional de Mujeres en Londres. Cecilia se implicó activamente en el Partido Socialista Argentino, fundado en 1896, en el que junto a otras mujeres, trabajó para mejorar la situación civil, social y política de la mujer argentina.

Al final de sus días, Cecilia Grierson se retiró a vivir a Los Cocos, en la región argentina de Córdoba, con una pensión que no hacía honor al duro trabajo y a toda una vida de entrega a los demás. Aun así, donó sus propiedades para fines educativos.

Una vida de esfuerzo y entrega que no la convirtieron en una mujer rica, más bien lo contrario, pero que le valió el reconocimiento de una sociedad que tuvo que plegarse a la evidencia de que las mujeres también eran capaces de hacer grandes cosas.

Ilustración por Lina Castellanos