Mujeres en la dictadura cívico militar en Argentina

Mujeres y Militancia

Hay otra historia que puede ser contada, que no pone el foco en la debilidad y la victimización de las mujeres sino en su fortaleza. Sus prácticas de resistencia, los trucos para usar el género a favor de la organización política, las estrategias sexuadas o no de supervivencia en el encierro, las transformaciones que proponían dentro de sus espacios de militancia, los vínculos con los feminismos. Si bien las mujeres no representaban cargos jerárquicos en las organizaciones, tuvieron roles muchas veces fundamentales para el trabajo político. Dentro de las organizaciones guerrilleras había tareas que estaban destinadas casi exclusivamente a las mujeres. Se encargaban de la propaganda, brindaban apoyo jurídico y moral a los miembros del grupo que caían presos, y asistían a sus familias. Además se les asignaban objetivos donde pasarán más desapercibidas que los hombres. Ellas se ocupaban de alquilar casas para un operativo, comprar pelucas o acompañar a los militantes perseguidos, haciéndose pasar por sus parejas.

Según la política ideológica y cultural de la dictadura, ligada con la perspectiva católica de la mujer, existe una esencia de lo femenino, un destino de mujer que la ata por naturaleza a la maternidad, a las labores domésticas de cuidado familiar, que señala que el lugar de la mujer debe estar en el hogar, que debe reservar la sexualidad para el ámbito privado del matrimonio, resaltar sus virtudes femeninas y una sarta de ideas conservadoras que construyen un estereotipo de lo femenino que era (¿es?) peligroso amenazar. La mujer que salía de este modelo era un riesgo, una loca que había que acomodar.

Graciela Sartal

Graciela Sartal es maestra, tiene 25 años. En la 43 hizo su primaria y en el ENSPA la secundaria. De allí salió como Maestra Normal. Además de enseñar a leer y a escribir, Graciela enseñó a bailar y a jugar.

Graciela trabaja y estudia, enseña y aprende. En La Plata estudió periodismo y en Filosofía y Letras estudió Historia. Pero Graciela también milita, la Juventud Universitaria Peronista la encontrará entre sus filas. No es casual su elección, en el hogar ser peronista podía ser más que natural y eso Graciela lo sabía.

Graciela también sabe que la realidad es imperfecta y como tal hay que modificarla.  Sabe que la gente sufre y es necesario hacer algo. En ese hacer, Graciela no va a dudar en darle techo y comida a un jovencito sin hogar. Esa sensibilidad la caracteriza.

Pero la larga noche de la dictadura cubrió de oscuridad a toda forma de lucha y una noche fría de julio del 76 golpeó con fuerza a la puerta de los Sartal- Pacheco.

Graciela y Héctor, papá de Graciela, forman parte hoy de la larga lista de víctimas del terrorismo de Estado.

Hoy poco a poco estamos recuperando sus historias. Estamos convencidos de que cada uno de ellos debe estar visibilizado para la sociedad. Tenemos la obligación de ser instrumentos de memoria y homenaje a cada uno de los 30.000. Reconocerlos como colectivo, pero recuperando sus individualidades. Estamos en la difícil tarea de traer luz ante tanta oscuridad a la que fueron expuestos. Debemos aprender de su ejemplo y su lucha, llevando como bandera la consigna de Memoria, Verdad y Justicia, como base para acceder a una patria libre, justa y soberana.