30.000 razones para mantener la memoria

24 de marzo. Memoria, verdad, justicia.

La dictadura Cívico Militar iniciada el 24 de marzo de 1976 en la Argentina no fue un episodio aislado de la realidad latinoamericana desde mediados de la década del 60. Como parte de su política exterior, Estados Unidos impulsó y financió las interrupciones de los órdenes democráticos de la mayoría de los países americanos. Desde 1964 hasta 1980 Brasil, Argentina, Bolivia, Uruguay, Chile y El Salvador iniciaron sus dictaduras. El caso de Paraguay fue anterior, desde 1954 el general Stroessner hacía caso omiso al sistema democrático.

Cuando hablamos de las dictaduras latinoamericanas existen dos ejes de análisis fundamentales, Políticas económicas y violación sistemática de los Derechos Humanos. Si bien suelen estudiarse y denunciarse de manera separada, necesariamente éstos ejes están íntimamente relacionadas. No es posible desarrollar políticas Neoliberales sin aplicar de manera violenta un sistema represivo. A diferencia de la actualidad, el contexto histórico en el que se desarrolló la dictadura el mundo estaba inmerso en la bipolaridad, para Estados Unidos el ejemplo cubano de revolución no podía repetirse. Evitarían de cualquier forma que pueda instalarse un gobierno de corte socialista dentro del territorio americano. Es aquí donde entran las fuerzas armadas, que autoerigidas como reserva moral de la nación no dudarían en ejercer la violencia sistemática sobre la llamada subversión apátrida, que incluía a las organizaciones político militares, los sectores obreros, los estudiantes secundarios y universitarios, intelectuales, músicos, religiosos …. En definitiva todos…

Según la doctrina de seguridad nacional, debían ser eliminados todos los elementos que pudieran parecerse al enemigo marxista- leninista que era impulsado por la Unión Soviética.

Es ese contexto represivo funcionaron entre 1976 y 1983 en la Argentina alrededor de 610 Centros Clandestinos de Detención, 30.000 personas fueron detenidas desaparecidas, 500 niños fueron despojados de su identidad,  10.000 presos políticos fueron detenidos de manera ilegal y estuvieron recluidos en sistema penitenciario nacional durante toda la dictadura.

Rodolfo Walsh en su carta abierta, realiza un análisis exhaustivo de la situación nacional en tan solo un año de dictadura. A lo largo de su escrito, el periodista y escritor, analizó y denunció a las políticas económicas de la dictadura y la sistemática violación a los DDHH, incluyendo en su análisis la denuncia a los sectores judiciales que rebotaron alrededor de 7000 habeas corpus hasta marzo de 1977.

Plan económico

En materia económica, se implementó el “Programa de recuperación, saneamiento y expansión de la economía argentina” sus objetivos eran: acelerar la tasa de crecimiento económico, alcanzar una distribución razonable del ingreso, modernizar el país y fomentar la eficiencia de empresas del Estado, dominar la recesión, la inflación, la deuda externa y la caída de los niveles de producción e implementar una “economía de producción” en reemplazo de la “economía de especulación” preexistente.

Con la aplicación del Nuevo Plan Económico se eliminaron las retenciones a las exportaciones agrícolas, se redujeron los aranceles a las importaciones, se liberó el mercado cambiario y financiero y cesó la emisión monetaria, la financiación fue mediante créditos.

Como consecuencia de estas medidas económicas, durante el periodo 1976-1981, se produjo una devaluación del 400%, la inflación anual escaló a 131%, la deuda externa se elevó a 45000 millones de dólares.

Durante los años que duró el Gobierno de facto se destruyó la industria nacional, el déficit fiscal superó los 4400 millones de dólares, aumentó la desocupación y el trabajo informal.

La dictadura con perspectiva de género

Según el Informe Nacional sobre Desaparición de Personas, el 33% del total de los desaparecidos y desaparecidas entre 1976 y 1983, fueron mujeres. A partir de los testimonios de las sobrevivientes, sabemos que existía una violencia específica hacia ellas. Fue sistemática, planificada y aplicada en casi todas las detenidas, en los diversos Centros Clandestinos de Detención (CCD) del país.

Para la dictadura militar, eclesiástica y civil las mujeres tenían un rol de garantes del cuidado y resguardo de los valores de la tradición nacional y cristiana, pero a la vez que se las elevaba como seres divinos en los Centros Clandestinos de Detención se ejercía una operación de exterminio de las militantes y se apropiaba de lxs niñxs nacidxs en cautiverio.

Muchas de las mujeres detenidas-desaparecidas fueron perseguidas y acorraladas por haber abandonado el destino de mujer y haber ocupado un lugar clave en las luchas populares.

Con el tiempo se recuperaron relatos de la violencia sexual a la que las mujeres detenidas eran sometidas, las prácticas misóginas y las condiciones inhumanas en que algunas de ellas ejercian la maternidad. El silencio respecto de la violencia específica sobre las mujeres en la última dictadura se relaciona con dos razones, por un lado es una cuestión postergada y por otro su tratamiento pone en discusión el orden sociocultural actual y no solo el del contexto del terrorismo de Estado.

Desde el año 2000 la Corte Penal Internacional considera delito de “lesa humanidad” a las violaciones, la esclavitud sexual, la trata, la esterilización forzada y los abusos sexuales cometidos dentro de un plan sistemático contra una población civil. En Argentina, recién en 2010, este tipo de delitos cometidos sistemáticamente por los represores durante la última dictadura militar, pasaron a ser considerados de lesa humanidad.

El principal objetivo de la dictadura era poder “restaurar el orden natural (de género)” , por lo tanto, este proyecto que se pretendía instaurar estaba fuertemente impregnado de valores familiares, donde las mujeres son excluidas de la esfera pública y se prioriza su desempeño como cuidadoras del hogar. Por otra parte, la implementación de esta ideología se dio en medio de una supuesta guerra contra un enemigo interno: la subversión. La lógica de la guerra, relacionada con el hacer militar, estaba implicada con los valores y la experiencia masculina. Por ende, la violación fue una manera de poner a la mujer en su lugar, acallar su rebeldía y mostrarle el lugar que ocupaba, su feminidad esencial y su rol inalterable.